30 abril 2010
Peliculas recomendadas : Las cinta blanca
28 abril 2010
Nadería
La estocada última del silencio
La calle afuera grita su mudo letargo
Y en cada esquina la espera una noche ociosa;
Las sombras destiñen lo que está ausente
La madrugada reposa como un muerto alborozado,
Y roen los íntimos vituperios del sueño;
Duele la profundidad de los ojos,
Los pasos ruidosos de la esperanza,
Y la vedada luna;
Ya se arrima la penumbra a las cosas quietas,
Quiero ser todo el sueño.
Autor Jose Ignacio Alonso.
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27 abril 2010
Las traducciones y la Divina Comedia
Y huelguen por los húmedos jardines
Bardos tibios segando florecillas:-
Yo, pálido de amor, de pie en las sombras,
Envuelto en gigantesca vestidura
De lumbre astral, en mi jardín, el cielo,
Un ramo haré magnífico de estrellas.
¡No temblará de asir la luz mi mano!
Un imaginario traductor inglés no correría grandes riesgos con estos versos. Como carece de rima, el daño menor lo infringirá con el endecasílabo. Las imágenes de luz, jardines, cielo y estrellas son comunes en cualquier continente. En cambio tenemos estos versos del Martín Fierro:
Matreriando lo pasaba
Y a las casas no venía.
Solía arrimarme de día;
Mas, lo mesmo que el carancho,
Siempre estaba sobre el rancho
Espiando a la polecía.
Sospecho que “Matreriando lo pasaba” es intraducible para un europeo. Traducir la palabra en su estado individual es un hábito del diccionario, traducir la idiosincrasia del gaucho argentino es otra muy distinta.
Hemos declarado que la métrica es el sacrificio de las traducciones; otro malogrado artificio de las ediciones modernas –y sobre todo económicas- es la inescrupulosa conversión de la poesía en una indefinida prosa. Entiendo que en las largas épicas la métrica fue una necesidad de la memoria, y que sus relatos se ajustan satisfactoriamente a la estructura de la prosa. Así llegan la Odisea y la Ilíada, así nos llegan los dísticos elegíacos del Ars amatoria de Ovidio. No obstante descreo que pueda considerarse este modo de economizar las páginas para la Divina Comedia.
Ejecutarlo sería subestimar la estructura que premeditó Dante para su obra, sería corromper ese “místico, insondable Canto” como lo llamó Tieck; es fama que en sus intenciones abundan misticismos de orden cabalísticos que propenden a la importancia del número. Esos detalles no pueden faltar, o deben dejarse ver, en las traducciones. Mi ignorancia del toscano antiguo es perfecta, pero lo creo más permisivo para el español, que al inglés o el alemán. Podemos entonces ser fieles a los tercetos impuestos por el autor, que al confeccionarlos pensó en la Trinidad del Hijo, Padre y Espíritu Santo. El arduo trabajo que Dante nos legó no merece una prosa que convierta todos sus cantos en capítulos y todo el poema en una novela fantástico-religiosa. Mejores palabras usó el polémico Carlyle: “No conozco obra tan trabajada cual esta de Dante. Ha sido como fundida en el horno más ardiente de su alma (…) Y no solo el conjunto de su obra; cada compartimiento suyo está trabajado, con intensa aplicación, en verdad, en clara visualidad. Todo se corresponde en ella; todo está firme en su lugar, como bloque de mármol cuidadosamente cortado y pulimentado”.
Aconsejo al lector la versión en tercetos de Ángel Crespo.
Texto Jose Ignacio Alonso.
26 abril 2010
Musica recomendada : High Places, High places vs Mandkind
Información:
Integrantes:
- Rob Barber
- Mary Pearson
Origen:
- EE.UU, Brooklyn
Año
- 2006, sin editar discos.
Estilos:
- Indie-Pop
- Indie- Electronic
- Alternativo
Discografia:
- 2008, High Places
- 2010, High Places Vs. Mankind
Fuente: Panoramica Del Observador, Adrian J. Messina, nos reservamos los derechos.
24 abril 2010
El botón de Facebook en Blogger.
23 abril 2010
El Silencio
Basta con escuchar el silencio de ella
El silencio es la música de nuestra existencia
Es como una pausa entre pensamientos
Un intervalo entre el inspirar y exhalar
En el silencio no hay voces pero sí palabras
En el silencio no hay canciones pero sí melodias
En el silencio no hay gritos pero sí hermosos susurros
En el silencio está la nada
Y en la nada está Dios
Si Dios hablase en voz alta
Su palabra sería el silencio
Si las plegarias nos dan religión
El silencio nos da espiritualidad
Si los besos nos ayudan a querer
El silencio nos ayuda a amar
Si el ruidoso ego nos levanta a seguir luchando
El silencio nos abraza con sus manos de algodon
Porque el silencio es la musica de nuestra existencia
Es como una pausa entre pensamientos
Un intervalo entre el inspirar y exhalar
Es el origen de nuestro ser
Autor. Leandro Ferraro.
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21 abril 2010
Vida y obra de Mark Twain
Sin querer venirme abajo con el patetismo del elogio, debo declarar que sus cuentos poseen la llaneza de la simplicidad, (como si escucháramos la misma voz de Twain relatando sus historias a orillas del Mississippi) y al mismo tiempo, la sorpresa de lo único e irrepetible, como la tuvo Hathworne, Stevenson o Kipling. Algunas de ellas son austeras (El disco de la muerte, Los cinco dones de la vida), otras tienen la inusitada estructura de un chiste prolongado (La broma que le hizo ganar a Ed una fortuna, El legado de treinta mil dólares).
Como Conrad, fue un incansable aventurero; lo inspiró, como a muchos escritores, la imperturbabilidad del río. Vivió en los umbrales de los sueños de la industria. Fue un declarado humorista hasta ser abatido por la pérdida y por los años.
Han pasado cien años de su muerte; las huellas de su elefante blanco todavía siguen presentes.
Texto: José Ignacio Alonso.
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20 abril 2010
Musica recomendada : Au Revoir Simone, Still night, still light
Miembros:
- Heather D´Angelo (Batería, Batería Electrónica, Vocalista)
- Erika Forster (Voz, Teclados)
- Annie Hart (Coros, Teclados)
Orígen:
- Estados Unidos, 2000
Estilo:
- Indie
- Indie-Tronic
- Dream-Pop
- Alternativo
Discografía:
- 2006, Verses of comfort, Assurance & Salvation
- 2007, The bird of music
- 2008, Reverse migratios,
- 2009, Still night, still light,
Fuénte: Panorámica Del Observador, Adrián J. Messina. Imagen tomada de la red si su autor no desea compartir su imagen será removida.
19 abril 2010
Caminar con Proserpina
La tarde emplomada tiene una realidad desvanecida y dormitada, como una vaguedad. La tarde es una amiga que acompaña desde lo invisible.
Con Proserpina caminamos por llanuras de calles de piedra y luz de artificio. La mudez del barrio nos invita a su seno como si nos invitara a una fiesta.
Mi débil y sumisa mano toma la suya de terciopelo; una impronta dejamos en el camino incólume, porque cada paso que inventamos es una marca irrevocable de nuestro pasado. ¿Pasado he dicho? El espacio con Proserpina carece de esa inmundicia que suele perseguir al agonizante y que llaman Tiempo.
Nos han asegurado que padecemos de mortalidad, y que el día insalvable nos buscará con sus manos de espinas; pero ahora nos gobierna el infinito, sin las ínfulas del ayer, y sin las andanzas del mañana.
Con ojos de Ovidio camino, -o desespero- a su lado. Un retruécano de la tarde nos obliga a guarecernos en algún techito porteño. El cielo quiere romperse en límpida lluvia.
Llueve. La luna febril se apaga como un olvido.
(La tarde nos escamotea las horas y se funde en la noche).
Ya entrados en la madrugada, te despides. Toda despedida tiene la evocación de lo que caduca o se muere.
Ahora eres una distancia y una letanía de casas. La noche se derrumba como castillo de naipe.
Autor. José Ignacio Alonso
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17 abril 2010
Carta para un viajero
Nosotros, desde aquí, que adolecemos de una patria y envidiamos sanamente esa hermosa imprevisión errante, te enviamos un saludo hasta el punto americano en el que te encuentres.
Texto Jose Ignacio Alonso, nos reservamos los derechos.
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16 abril 2010
El siglo XX de la poesía.
Más abajo en el mapa, lo suyo hicieron hombres como Roberto Bolaño o Mario Papasquiaro. Aquí, por estas pampas, hubo un enigmático poeta llamado Osvaldo Lamborghini. Escribe su amigo Cesar Aira: “En Osvaldo hay una alusión a lo perfecto de verdad, que escapa al trabajo. Se trata más bien de la facilidad, una suerte de escritura automática. Entre sus papeles no hay un solo borrador, no hay versiones corregidas; de hecho, no hay casi tachaduras. Todo salía bien de entrada”. Hay algo de absurdo en esta afirmación, algo que no convence del todo. He leído todos sus poemas, y me consta que no hubo corrección en sus versos. Lo demás son bagatelas de una amistad.
Es menester, rescatar alguna luces perdurables: fueron voraces, fueron apasionados; enemistados con la literatura, supieron ser sus compañeros, como una vieja rival con la que charlaban toda la madrugada.
Texto José Ignacio Alonso.
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15 abril 2010
Breve cuento de Franz Kafka . Buitres
14 abril 2010
Paraíso recobrado
Pero el misterio más profundo tiene, inevitablemente, raíces largas y gruesas; cuándo y cómo comienza estas concepciones estériles, destinadas sólo al ser ocupado y demasiado preocupado en sí mismo y en vanas supersticiones, es la pregunta a formular.
De las supersticiones cabe afirmar que nunca desaparecieron; cambian su forma y su contenido porque cambian también sus necesidades. Si las preocupaciones de las culturas antiguas eran la muerte y la incertidumbre de lo que sucede en ese otro estado, ahora es todo lo contrario. La preocupación consiste en lo que nos pasa en vida, en nuestro futuro cercano, si prosperamos o fracasamos. Ya no se teme a la muerte como un concepto imposible, pero si se teme a desaparecer violentamente de este mundo y dejar todas nuestras empresas truncas. El hombre de este siglo, calculador y científico, cree no obstante, en lectores de augurios ajenos, en astrólogos, en semidioses que les dicte algo de certidumbre para mitigar su desesperación, y sobre todo en el psicoanálisis, esa superstición vestida elegantemente de ciencia. Estas concepciones estériles auspician una ceguera imperiosa que pueden ocasionar, como un efecto dominó, a la funesta degradación de sociedades enteras. Dicha enfermedad suele ser invisible para los ojos de los enfermos; la agonía es silenciosa pero mortal. El pensamiento individualista es un deliberado germen; beneficioso para sus doctores, pero lúgubre para la conciencia colectiva. El espíritu enfermo se regodea de su existencia, de su inmortalidad,
En la cuestión temporal, es acaso más posible de esclarecer. Nos basta con observar minuciosamente el decaimiento de la literatura en forma gradual durante el último siglo. Y llegamos a este punto pobre, en el cual la sociedad demanda novelas ingenuas, desprovistas de toda lealtad intelectual; formidables libros, que parecen tomos enciclopédicos, pero que en su interior no se presenta más que un ineficaz relato a la manera de la cinematografía holiwoodense, colmados de fingidos diálogos, sin dejar nada para la imaginación del lector, quien, cómodamente, ya ha asumido su papel de mero espectador. Quiero detenerme, también, en su fisonomía: las ediciones son atractivas, con títulos pomposos, y las letras en relieve y doradas. El costo de estos libros suelen ser excesivos, pero el tiempo corrompe sus ambiciones monetarias y su costo devalúa en años y hasta en meses, a medida que su escasa fuerza literaria se deja ver.
Entendemos entonces, que la novela es la más admitida, comercialmente, por las editoriales más importantes. Le sigue, en menor medida, pero sin perder importancia, el ensayo histórico y periodístico. Después, los incipientes libros de auto-ayuda (que prometen, como dijo Baudelaire, convertir a todos los mendigos en monarcas). Más atrás, relegada, casi invisible, silenciosa y sumisa, la poesía.
“Puede preguntarse por qué siendo la poesía tan poco necesaria en el mundo ocupe tan elevado lugar en las bellas artes. Lo mismo puede decirse de la música. La poesía es la música del alma, sobre todo la de las almas grandes y sensibles. Uno de los méritos de la poesía, por todos reconocido, es que dice más que la prosa y con menos palabras. No me ocuparé de otros encantos de la poesía porque son conocidos, pero sí diré que no hay verdadera poesía sin gran sensatez. Pero, ¿cómo puede armonizarse la sensatez con el entusiasmo? Pues como hacía César, que trazaba el plan de una batalla con gran prudencia y una vez realizado combatía con furor”.
Voltaire señala la inutilidad tanto de la poesía como de la música, y que sin esfuerzo intelectual podemos nosotros contener esa idea para todas las demás artes. La necesidad es puramente para el espíritu elevado; no proporciona ningún beneficio funcional. Al menos, esto último dicho, será aplaudido por cualquier ingeniero, psicólogo o abogado de mi siglo. Yo entiendo que todo beneficio intelectual no sólo también es un beneficio funcional, sino que es el más importante. Las aclamadas democracias que gobiernan estas épocas, y que se jactan de ser tan perpetuamente funcionales, no hubiesen sido concebidas sin el capital intelectual –utilizando el término de Valery, que a su vez, lo reprodujo de la modernidad-. Las grandes naciones han invertido el tiempo suficiente para ejercitar la inteligencia y el buen saber.
¿Y qué sucede con el alma perpleja del poeta? Voltaire nos recuerda esa compleja armonía de la sensatez con el entusiasmo. Una más elaborada pregunta nacería en aquella alma favorita: siendo sensatos, ¿cuánto más puede durar nuestro entusiasmo? Ser poeta nunca es fácil, y menos aún en este último siglo. Leer de Novalis que: “Cuando un poeta canta estamos en sus manos: él es el que sabe despertar en nosotros aquellas fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos”, puede satisfacer, al menos un tiempo, al poeta más indigente. Pero pronto comprende que existen menos oídos que cantos, y todas esas modestas magias, esos paraísos de su ser, serán ignorados. ¿Es deseable, entonces, la poesía? Yo contestaría que, si ser poeta es difícil, también su destino es inexorable y vanos serían sus intentos de no escucharlo. Una voz severa y profunda le dirá: “Sí, la poesía y su belleza existiría sin tu alma terrenal, y no necesita de la pompa del éxito y la popularidad, está hecha para ser vista por pocos, como todo milagro, sin embargo debes seguir su camino, porque aunque no la buscaras, ella te encontrará siempre”. El arte, entonces, es un destino, y no hay modo de evitarlo. Siempre habrá verdaderos poetas, porque siempre habrá poesía; y siempre habrá falsos poetas, que no demorarán en desertar.
El espíritu ávido de nuevos mundos, apasionado por el conocimiento y el buen sentir, es susceptible de la belleza. Y así debe ser el espíritu de un buen poeta.
Por todo ello, no es difícil comprender entonces la verdadera razón de este decadentismo cultural, tan habituado a la funcionalidad del falso progreso, y tan enemistado con las vicisitudes de la inteligencia. La belleza, la poesía, como el arte y el amor, están en abundancia en este mundo; se necesita un elevado y ejercitado espíritu para vanagloriarse de sus virtudes y placeres.
Texto José Ignacio Alonso.
Imagen tomada de la red si su autor no desea compartir su imagen será retirada.
13 abril 2010
Poesía y Emily Dickinson (1830-1886)
“La mujer es, después de todo, la única verdadera pintora de ese misterio apacible y hermoso que es el corazón de una mujer”.
Ansiamos declarar, con las mismas ínfulas, que Dickinson fue la única pintora del corazón de Dickinson. Quienes agoten hasta el hartazgo todas sus biografías y notas enciclopédicas comprenderán que su alma solo se abrió al mundo por medio de sus poemas. No tenemos otra sombra más precisa que las cientos y cientos de poesías que dejó, dispersamente, en cuadernos y hojas sueltas.
Todo aquello, y las utopías, y los amores secretos e imposibles, la fueron llevando a un estado de soledad absoluto, hasta recluirse para siempre en una pequeña habitación de su casa, para salir en efímeras ocasiones y dar paseos.
Allí, en esa voluntaria reclusión escribió más de 800 poemas. No importaba otra cosa que escribir. No los titulaba, no los fechaba, todo ello parecían detalles superfluos. Una hoja suelta, o la esquina de una página del periódico, cualquier papel era propicio para dejar unas palabras. Solo era ella y su alma. Llegó a decir:
“Trabajo en mi prisión y soy huésped de mí misma”.
Al morir, su hermana Vinnie descubrió en aquella solitaria habitación todo el material de Emily. Dejamos aquí, uno de los pocos poemas que permitió publicar; lo dejaremos en su idioma, para que pueda disfrutarse con la música que es propia del inglés.
A narrow fellow in the grassOccasionally rides;You may have met him,--did you not,His notice sudden is.The grass divides as with a comb,A spotted shaft is seen;And then it closes at your feetAnd opens further on.He likes a boggy acre,A floor too cool for corn.Yet when a child, and barefoot,I more than once, at morn,Have passed, I thought, a whip-lashUnbraiding in the sun,--When, stooping to secure it,It wrinkled, and was gone.Several of nature's peopleI know, and they know me;I feel for them a transportOf cordiality;But never met this fellow,Attended or alone,Without a tighter breathing,And zero at the bone.
Texto: José Ignacio Alonso.

























