La ardua Muralla. Un deber
infinito
Que cruza eternos imperios
y hombres
Sin héroes, sin
albedríos, sin nombres,
Profesado perpetuamente:
el rito.
El rito de leguas y de
horas calmas;
El rito en la sangre y en
el sol de Oriente
De ejecutar algo más
imponente
Que sus propias y
temporales almas.
La paciente sombra pone
otra roca
Con la desidia de quien se
conoce
Un muerto; ni una
esperanza, ni goce,
Ni este conmovido verso la
evoca.
¿Qué atroz causa, qué
servil excusa
posee tu alma dormida y
sepultada?
Yacerás, como presencia
olvidada
Que nada reclama, ni nada
acusa.
No tiene rostro ese bravo
enemigo
Ni se desvaneció el
tiempo en el muro;
Nada sosiega a ese destino
duro
De ser memoria y perderse
conmigo.
Poema de José Ignacio Alonso
Imagen tomada de la red, si su autor no desea compartirla será removida.
Poema de José Ignacio Alonso
Imagen tomada de la red, si su autor no desea compartirla será removida.







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